miércoles, 24 de septiembre de 2014

Black Mirror, ¿un mundo detrás de las pantallas?


Los años van pasando, se innova, se descubre, se crea, se evoluciona… en definitiva, se cambia. Pero, ¿seríamos capaces de vivir estancados en el presente?

Continuamente, buscamos formas de mejorar, de progresar, de perfeccionar nuestras habilidades, de hacer todo lo que esté en nuestras manos para llegar a ser “lo más”. La tecnología, sin duda alguna ha sido, para toda la humanidad, uno de esos descubrimientos que le ha hecho evolucionar llegando a crear cosas muchas veces impensables. No obstante, aun funcionando de forma asombrosa en la mayoría de los campos en los que es empleada, tenemos que ser capaces de utilizarla de manera responsable y no como lo hacen en Black Mirror.

En el capítulo que vimos, pudimos comprobar como Bing, el protagonista, vive en una sociedad  interactiva donde todo funciona a través de la tecnología. La vida y las posibilidades de cada una de las personas dependen de lo que los más altos cargos deseen para ellos y, por lo tanto, su derecho de libertad (entre otros) es prácticamente nulo. El control del sistema llega hasta el punto en el que los participantes del juego, no son capaces ni siquiera de elegir lo que ven en la inmensidad de pantallas que rodean su espacio personal, sin gastar el dinero que ganan para disfrutarlo en los que ellos quieren. O, mejor dicho, en lo que el sistema es ofrece y permite.

A lo largo de la historia se puede ver como las personas de esa ciudad interactiva llevan una vida sencilla, con apenas relaciones sociales, dedicada a la producción de energía que les es recompensada con programas en las pantallas y de la que solo tienen la posibilidad salir vendiendo sus talentos después de haber ahorrado la suficiente energía para que alguien les preste atención. Sin embargo, no todos tienen las mismas aspiraciones ni concepción de la realidad que les rodea, como aquel que solo hacía ejercicio para poder seguir riéndose de los demás y, aparentemente, no era consciente de lo que ocurría detrás de las pantallas.

No obstante, Bing representa el papel contrario. Dándose cuenta de lo que pasaba a su alrededor, con trabajo y esfuerzo pretendía desvelarles a todos lo que ocurría detrás de aquellas infernales pantallas. Como él y como las buenas maestras que estamos en proceso de formarnos, tenemos que ser capaces de poder abrirles los ojos a la realidad a nuestros alumnos. Igual que no se conformarán con utilizar solo la pintura de un color, tenemos que ofrecerles la posibilidad de utilizar las distintas herramientas que aparezcan en sus pantallas interactivas enseñándoles a usarlas responsablemente y de forma que les aporten los mayores beneficios.


A pesar de que muchas veces la realidad parezca un juego, es nuestra responsabilidad desarrollar el juicio en nuestros alumnos de forma que lo utilicen para lo que ellos mismos deseen. 


(Análisis capítulo 2 de la primera temporada)

Henar Ibáñez Merino 

1 comentario:

  1. Me gusta mucho la primera pregunta que realizas: “¿seríamos capaces de vivir estancados en el presente? El ser humano siempre aspira al progreso y a la creación; tendemos a apuntar hacia la perfección, y tal vez esta sea nuestra mejor virtud y nuestra peor debilidad porque como bien expones se nos puede ir de las manos.

    Nosotras, como futuras maestras, hemos de abrir los ojos de nuestros alumnos a nuevas posibilidades, pero hemos de educarles para que sean ciudadanos críticos y responsables para no acabar como la sociedad reflejada en este capítulo.


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