Nos encanta
decidir y nos encanta elegir. Elegimos lo que nos gusta y desechamos lo que no
nos interesa. De eso va este capítulo de Black Mirror, de felicidad a la carta,
de elecciones que creemos libres y que al final no lo son tanto. Hablamos de
los programas de entretenimiento y de cómo alguien decide por nosotros qué ver,
hacer, desear, pensar o sentir. Y es que para saciar nuestro afán de placer y
alejarnos de las preocupaciones muchas veces optamos por distraernos, y una
opción para dejar la mente “en blanco” son las pantallas: de televisión, del
ordenador, del móvil, de lo que sea, pero que suceda fuera de nosotros y no
tengamos que implicarnos demasiado, o eso creemos.
En esta
realidad futura la sociedad se encuentra adoctrinada: viven en espacios
individuales reducidos, constantemente vigilados y privados de la naturaleza. Las
protagonistas son las pantallas que configuran todo el espacio, desde el suelo
hasta el techo, los ojos no pueden descansar desde que despertamos hasta que volvemos
a dormir. Todo ser humano vive sometidos a un flujo constante de estímulos e
información previamente diseñados y programados para masacrar la conciencia,
crear aspiraciones superfluas y seguir retroalimentando el sistema. Hasta el
más heroico y desesperado grito de rebelión tiene lugar en una sociedad
distribuida desde un talent show.
Aquí la
realidad aumentada actúa como placebo y nos hace la vida más “fácil”,
recordándonos a otras historias como Wall-E donde los humanos son seres obesos
que se desplazan en sillones voladores o el Gran Hermano de la obra 1984 de
George Owell.
Al
contemplar esta prisión moderna tuve la sensación permanente de agobio y
desazón, además de dejarme un vacío… ningún ser humano es capaza de verse a sí
mismo en medio de las incesantes olas de realidad fragmentada en imágenes y
sonidos absorbentes. Y en mi mente rezumban muchas preguntas… ¿Nos convertiremos
en una sociedad dominada desde la satisfacción de las necesidades inmediatas y
los placeres básicos? ¿Acaso son las publicaciones, anuncios, canciones, likes,
tweets, retweets, videos, realities, ofertas, películas etc. el camino para
crear una sociedad como ésta? ¿Son las pantallas y todo lo que ofrecen el culmen
de las aspiraciones humanas? No sé si me da más miedo que la tecnología acabe
por dominarnos o que nos adurmamos y nos controle en consecuencia. Espero que sepamos elegir.