Chica peinándose (Renoir, 1894)
Todas las sociedades evolucionan a lo largo
del tiempo y cada generación tiene unas experiencias específicas del momento
que le ha tocado vivir. No obstante, desde que somos pequeños nuestros
educadores intentan darnos a conocer la cultura en la que hemos nacido. Para
ello, el arte constituye uno de los recursos más cotizados.
Entre las distintas expresiones artísticas
me gustaría destacar el gran potencial que la pintura tiene para este fin. A lo
largo de nuestra vida, todos hemos ido alguna vez a un museo. Y, ¿Qué hemos
descubierto? ¿Realmente hemos sabido comprender lo que todos y cada uno de los
cuadros que había allí quería decirnos?
Como podemos ver si nos detenemos a observar
la evolución de la pintura a lo largo de la historia, los estilos artísticos
han ido evolucionando, variando a lo largo del tiempo. No obstante, si había
algo en común entre todas las épocas era el hecho de que algún pintor que otro,
cada uno a su manera, se encargaba de retratar la realidad. Paisaje,
vestimenta, costumbres, clases sociales… observar cada uno de los cuadros que
hay en un museo puede enseñarnos algo de nuestros antepasados. Mucha gente va a
un museo un día y considera que ya ha visto todos los cuadros pero… ¿Qué ha
aprendido? ¿Se ha parado a pensar delante de ese cuadro?
Realmente, nosotras como maestras tendremos
que llevar a nuestros alumnos a museos no solo para que comprendan el valor
artístico de algunas creaciones sino para que vean algunas piezas históricas a
raíz de las cuales se pueden aprender muchas cosas. Sin embargo, debido a su
falta de desarrollo, nuestro papel como guías de su aprendizaje ha de ser mucho
más determinante. Debemos poder plantearles preguntas, hacer que imaginen
situaciones, recrear diálogos,… son infinidad de cosas las que podemos hacer
con un cuadro dependiendo de cuál sea nuestro objetivo.
Pero, como todo, nosotras debemos también
adaptarnos a los tiempos que corren y saber utilizar todos los recursos metodológicos
que hay a nuestro alcance para enseñar a nuestros alumnos. En este caso, el
hecho de poder utilizar la RA para enseñarles a nuestros alumnos arte, cultura,
nos abre un horizonte más de posibilidades educativas: la tecnología. Algo que,
hoy en día, todas deberíamos utilizar.
Los niños con los que vamos a trabajar son
nativos digitales, lo que abre las posibilidades a trabajar con un marco más de
inteligencias múltiples. Para ellos todo lo relacionado con la tecnología es
lúdico, divertido, entretenido y nosotras debemos saber utilizarlo para cumplir
nuestro objetivo principal: que aprendan ya que así lo harán casi sin darse
cuenta.
El único problema de esta gran ventaja es el
hecho del trabajo previo que tiene que haber sobre el cuadro que, como profesoras,
por lo que he escuchado, difícilmente tendremos. No obstante, puesto que
siempre se trabaja un mismo cuadro para todas las clases de un mismo curso,
podríamos trabajar cooperativamente con nuestras compañeras para que todo fuera
más rápido y sencillo, algo que nos ha ayudado mucho al hacer nuestro cuadro
esta vez.
La experiencia ha sido enteramente positiva
aunque en un principio nos fue realmente complicado elegir el cuadro que íbamos
a representar. Nuestra primera idea era la de participar todas juntas, sin
embargo, al final, debido a la dificultad de encontrar y ejecutar un cuadro con
las cinco, decidimos cambiarlo. Elegimos el cuadro de la chica peinándose por
su sencillez ya que era solo una persona y la vestimenta no era muy complicada.
Una vez seleccionado el cuadro tuvimos que decidir qué queríamos enseñar de ese
cuadro. Puesto que no era uno de los más conocidos del pintor (la temática era
la misma que otro del mismo pero más importante) no había mucha información del
mismo y decidimos, por la importancia del propio autor, centrar toda la
información en quién era, qué pintaba y cómo lo hacía. Recopilar la información
y elaborar el monólogo fue sencillo.
Otro de los problemas que tuvimos fue al
grabar. Carmela no se sabía muy bien lo que tenía que decir por lo que tuvimos
que escribirlo para que lo fuera leyendo lo que también nos hizo tener que
grabar más de una vez. Por otra parte, decidimos que, ya que el autor era
francés, podíamos darle un toque más artístico imitando el acento. Al principio
le resulto algo complicado pero luego salió perfecto y quedo simpático. A la
hora de montar el video con la RA, nos fue bastante sencillo y no tuvimos
ningún problema. Al ser solo una persona nos fue fácil cuadrarlo.
Como mencioné anteriormente espero poder
reproducir esta experiencia alguna vez en mi propio aula de infantil. El hecho
de que los cuadros cobren vida resultara una experiencia novedosa e increíble
para nuestros alumnos de la que pueden aprender innumerables cosas. Los niños
están cansados de que sus clases sean siempre expositivas, ellos sentados y
escuchando cómo la profesora les cuenta algo. En cambio, si de repente tienen
que ver un video sus caras se llenan de felicidad. Hoy en día hay muchos videos
educativos con los que los niños pueden aprender pero, ¿sobre arte? Se suelen
hacer talleres en los museos, que ellos mismos pinten cuadros… pero aquí lo que
buscamos es ampliar su ámbito educativo con las nuevas posibilidades. Los niños
estarán entretenidos, se divertirán viendo a sus profesoras u otras personas
actuar y, al fin y al cabo, aprenderán de forma mucho más significativa que en
una explicación convencional.
Además, vista la primera aplicación de la
realidad aumentada, considero que esta se podría utilizar con muchos otros
fines didácticos. Por ejemplo, en caso de que los niños tuvieran que ir a una
granja, se podría hacer un video con los distintos animales hablando sobre
ellos mismos y cuando los niños pusieran sus dispositivos o el de la profesora
sobre el animal, este se reprodujera.
He disfrutado mucho haciendo este trabajo y
espero que la gente sepa sacarle mucho partido a este tipo de recursos. Doy las
gracias a mis compañeras por haber colaborado conmigo en la elaboración de este
proyecto.