Los años van pasando, se innova, se descubre, se crea, se evoluciona… en
definitiva, se cambia. Pero, ¿seríamos capaces de vivir estancados en el
presente?
Continuamente, buscamos formas de mejorar, de progresar, de
perfeccionar nuestras habilidades, de hacer todo lo que esté en nuestras manos
para llegar a ser “lo más”. La tecnología, sin duda alguna ha sido, para toda
la humanidad, uno de esos descubrimientos que le ha hecho evolucionar llegando
a crear cosas muchas veces impensables. No obstante, aun funcionando de forma
asombrosa en la mayoría de los campos en los que es empleada, tenemos que ser
capaces de utilizarla de manera responsable y no como lo hacen en Black Mirror.
En el capítulo que vimos, pudimos comprobar como Bing, el protagonista,
vive en una sociedad interactiva donde
todo funciona a través de la tecnología. La vida y las posibilidades de cada una
de las personas dependen de lo que los más altos cargos deseen para ellos y,
por lo tanto, su derecho de libertad (entre otros) es prácticamente nulo. El
control del sistema llega hasta el punto en el que los participantes del juego,
no son capaces ni siquiera de elegir lo que ven en la inmensidad de pantallas
que rodean su espacio personal, sin gastar el dinero que ganan para disfrutarlo
en los que ellos quieren. O, mejor dicho, en lo que el sistema es ofrece y
permite.
A lo largo de la historia se puede ver como las personas de esa ciudad
interactiva llevan una vida sencilla, con apenas relaciones sociales, dedicada
a la producción de energía que les es recompensada con programas en las
pantallas y de la que solo tienen la posibilidad salir vendiendo sus talentos después
de haber ahorrado la suficiente energía para que alguien les preste atención.
Sin embargo, no todos tienen las mismas aspiraciones ni concepción de la
realidad que les rodea, como aquel que solo hacía ejercicio para poder seguir riéndose
de los demás y, aparentemente, no era consciente de lo que ocurría detrás de
las pantallas.
No obstante, Bing representa el papel contrario. Dándose cuenta de lo que
pasaba a su alrededor, con trabajo y esfuerzo pretendía desvelarles a todos lo
que ocurría detrás de aquellas infernales pantallas. Como él y como las buenas
maestras que estamos en proceso de formarnos, tenemos que ser capaces de poder
abrirles los ojos a la realidad a nuestros alumnos. Igual que no se conformarán
con utilizar solo la pintura de un color, tenemos que ofrecerles la posibilidad
de utilizar las distintas herramientas que aparezcan en sus pantallas
interactivas enseñándoles a usarlas responsablemente y de forma que les aporten
los mayores beneficios.
A pesar de que muchas veces la realidad parezca un juego, es nuestra
responsabilidad desarrollar el juicio en nuestros alumnos de forma que lo
utilicen para lo que ellos mismos deseen.
(Análisis capítulo 2 de la primera temporada)
Henar Ibáñez Merino
Me gusta mucho la primera pregunta que realizas: “¿seríamos capaces de vivir estancados en el presente? El ser humano siempre aspira al progreso y a la creación; tendemos a apuntar hacia la perfección, y tal vez esta sea nuestra mejor virtud y nuestra peor debilidad porque como bien expones se nos puede ir de las manos.
ResponderEliminarNosotras, como futuras maestras, hemos de abrir los ojos de nuestros alumnos a nuevas posibilidades, pero hemos de educarles para que sean ciudadanos críticos y responsables para no acabar como la sociedad reflejada en este capítulo.